Una tarde de cuenta de cuentos y recreación en Barrio Obrero
CRÓNICA
VIERNES DE NIÑOS
Dasmeli Campos
era igual. El camino era distinto, un ambiente diferente, sin embargo, el objetivo siempre era el mismo, trabajar en favor de una comunidad, que aunque no sea en la que vives, con el solo hecho de visitarla, ya formas parte de ella. Eso te lo hace sentir el calor de su gente. Cada viernes fue distinto. Jornadas matutinas y vespertinas nos mantuvieron vivos durante horas compartiendo, en talleres, asambleas y conversatorios con los habitantes del sector I de la comunidad Barrio Obrero II, sin embargo, el viernes siete de marzo fue la más especial, porque el compartir con los niños es la experiencia más grata que alguien puede tener.
A las cuatro de la tarde todo estaba preparado para recibirlos, uno a uno fueron llegando a la humilde casa de Doña Edicta, quien nos ofreció su pequeño pero acogedor patio para cobijarnos durante toda la tarde.
Llegaron niños de dos a doce años, a quienes se les convocó para compartir con ellos una tarde de cuenta cuentos y juegos recreativos en compañía de los estudiantes de la Universidad Bolivariana de Venezuela, sede Zulia. Compartir con ellos para impulsar el socialismo, era el objetivo de la tarde.
Savier, Keiber, Eilyn, Roldanyelis, Alexis, Deibelyn y Andrés eran siete de los pequeños que formaban un equipo para escuchar un cuento, reflexionar sobre la historia, dibujar, cantar y jugar…
El cuento llamado “La ranita verde y el ganso” describía la historia de una rana que quería ser la mayor del mundo, tan grande como el ganso que llegó a tomar agua en su charco. Esta empezó a comer y a beber agua hasta que se hinchó como una pelota y explotó.
La moraleja del cuento les hizo entender a los niños que por muchas cosas que tengamos, debemos ser humildes y compartir con las personas necesitadas y todo aquel que nos rodee, para llegar hacer unos buenos hombres el día de mañana, porque no ganamos nada con ser la persona más grande del mundo, ya que podría pasarnos como a la rana mayor.
Manifestando el agrado por la historia relatada, Keiber comentó que cuando esté jugando, compartiría sus juguetes con los niños de la escuela, con los amigos, con sus hermanos, ¡Con todos los niños! Mientras que uno a unos, entre risas tímidas y frases como me gustó, me divertí mucho fueron expresando el agrado por el relato y lo que habían entendido.
Es esperanzador escucharles hablar de aquello que desean aprender, y de aquellas cosas que no saben, pero que les interesa saber. Es sutil sentir sus suaves y pequeñas manos tomando un lápiz para intentar a escribir su nombre. Nostálgico sentir un pequeño abrazo de alguien que apenas conoces, pero de igual forma lo hace con todo el amor del mundo. Te enorgulleces saber que un niño de apenas cinco años sepa que los colores de la bandera son amarillo, azul y rojo y que el tricolor lleva ocho estrella en la franja del centro…
Así caminaron las agujas del reloj, hasta que al caer la tarde en la confusión de la merienda y la algarabía de los juegos. Uno a uno fue retirándose camino a casa, con un conocimiento más, una experiencia más y una diversión más, hasta que en algún momento les toque a ellos compartir en casa o en la escuela lo que en esta tarde aprendieron.

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Alexander Acosta visita la Comunidad de barrio Obrero para hablar sobre el Socialismo, quien con su 






municación social que hoy conforman el grupo 41-08 de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), han estado realizando trabajo comunitario en barrio Obrero, comunidad localizada al Noroeste de la ciudad de Maracaibo parroquia Venancio Pulgar.
